Me leyeron “Palabras del Trópico” de Guillén, y como no me acordaba una goma escribí esto

Hola Trópico
te miro de lejos y ya te olvido
Trópico
si te digo de nuevo te me borrás
Trómpico
Te me perdés
como mi trompo
de cuando era chiquito
que quedó abajo del
sillón
de la abuela.
Trompito
querido, volvé
Te me fuiste
como la negra jamaiquina
y la mulata cubana
Te me fuiste
para siempre jamás
Chau. Chau Trompita
chau gordito orejón
Chau.

Arnaldo André – Un mañana

¿Se afeitará Arnaldo André mañana por la mañana? ¿Se pondrá el pelo que siempre le falta para salir a la calle? ¿Cómo será el rodaje de ‘Los únicos’? ¿Cambiará alguna palabra con Mariano Martínez? ¿Asistirá en alguna escena a Eugenia Tobal? ¿Tendrá que arriesgarse saltando para esquivar una explosión? ¿Cuántas horas filmará? ¿Cuántos metros de película equivalen a diez horas? ¿Cuántos errores caben en cien metros de película? ¿Cuántos Arnaldos Adreses irán al estudio de Pol-Ka en un año? ¿Hará acaso un capítulo sólo con silencios? ¿Le pedirá al Chueco Suar la participación especial de Moria Casán? ¿Propondrá a Pablito Codevilla que la cortina del último programa la cante Nito Mestre tocando su guitarra? ¿Fumará treinta atados de Parliament el próximo mes? ¿Olvidará su texto? ¿Lo asaltarán las dudas? ¿Lo charlará con su psicóloga lacaniana que le contesta poco? ¿Pagará por un postre Rogel después de comer unos sanguchitos de miga? ¿Se cambiará las medias? ¿De qué color será la camisa que use mañana? ¿Y la de pasado? ¿O acaso usará una remera? ¿Cuántas remeras usará este mes Arnaldo André? ¿O es que va a salir todo al revés? ¿O es que irá sin afeitarse, sin pelo, a no filmar ni hablar con Mariano Martínez, a despreciar a la Tobal, a evitar los riesgos y las explosiones, a hablar en todos los capítulos todo el tiempo, a ignorar al Chueco y a Pablito, a desoír a Nito, a dejar de fumar, a memorizar su texto perfectamente, a dejar terapia, a dejar los postres, a andar en patas y en cuero?

Mañana será sorpresa. Y Arnaldo André está cargado de mañana.

¡Que viva el collage! (usé el viejo y querido copy/paste y armé dos textos en base a otros textos)

En los orígenes las palabras aparecieron o se inventaron del grito
el español de este texto es pre-alfonsí
es agradable hablar como todo el mundo y decir el sol sale,
cuando todos sabemos que es una manera de hablar
non vixerunt ad semetipsos
¿te crea dependencia la televisión?
Él me es tan íntimo que me habla por medio de mí mismo,
instalación de redes
La idea de la muerte se enlaza con la desolación y la oscuridad
Mis primeras palabras a ella fueron para explicarle lo que me había //ocurrido:
la verdadera dimensión de la simulación es la miniaturización genética,
semillas que brotan
le expiden el presente
que todos estos pseudoacontecimientos
todas estas cosas que llegan demasiado tarde
con una jauría en la pelvis
no se me presentan por su raíz sino por un punto
que parece corresponder con la silueta del chancho.

***

No es infrecuente que ambas direcciones se entrecrucen
con ejemplos del texto,
con un prodigioso afuera,
como una fuerza o una mirada
que permite llegar
a un proceso de descentralización
con vientos europeos
de una guerra como la del Golfo,
del deseo primitivo y salvaje, de la locura,
en una máquina abstracta.
Considerando
el acceso de cualquier persona a la misma
para alimentar su interés,
nada puede ser dejado al azar.
Un libro solo existe en el afuera y en el exterior.

Formé una frase a partir de sujetos y predicados aleatorios y escribí un texto

Yo, el supremo, sueño con panameñas charrúas acaloradamente junto con colectivos aterrados

-El supremo está como loco…- dijo la mucama. Justo se escuchó un grito largo, vibrante, que se fue apagando y haciéndo más agudo. La criada se puso colorada y contestó -Sí, no tiene remedio-.

De golpe se abrió la puerta de la habitación y asomó el supremo, con la cara desfigurada, los ojos fuera de sus órbitas, todo colorado y despeinado, y corrió por el pasillo hasta pararse frente a ellas.

-¡Charrúas! ¡Panameñas charrúas!- gritó, y echó a correr perdiéndose en la curva de un pasillo.

Las dos mujeres se miraron. La mucama puso cara de asco: -Ahora tengo que ir a hacerle la cama y limpiar un poco. Seguro que va a estar todo pegajoso. Dddddd.-

***

Oda a una panameña charrúa

Mi panameña charrúa
me despierta todas las mañanas
¿acaso un hombre como yo
es digno de semejante don?
Su pelo es negro, su tez, cetrina.
Es feroz en la cama:
me muerde y me rasguña
y cuando no le doy
lo que me pide
me lo arranca con los dientes.
¿Qué prodigio te hizo posible,
milagro o encantamiento?
¿Qué inescrutable designio
te hizo ser
única entre las únicas,
mi panameña charrúa?

***

-El supremo está insoportable- dijo el visir. El jefe de ciencias y técnicas asintió: -Encima sigue escribiendo esas poesías malísimas sobre la panameña charrúa. ¿Te acordás cuando escribió aquella en la que contaba que le había mordido la pija y Doña Marta dejó de cortar cebolla para decirle que era de muy mal gusto?-.

-Sí- dijo el visir, -Pobre Marta. Ahora que no tiene brazos no consigue trabajo por ningún lado. Aunque, pensándolo bien, ya iba a ser bastante difícil que consiguiera algo después de que el supremo la echara-.

Se quedaron los dos abismados, sacudiendo la cabeza como dicienedo “esto no puede ser”, cuando la monotonía impar fue interrumpida por un grito que empezó a reverberar lejano y fue acercándose. Al rato, el supremo pasó corriendo por entre medio del dúo con la cara desencajada y la túnica blanca que le hacía carpita.

Cuando estuvo a buena distancia, el jefe de ciencias y técnicas, con cara de confidencia, le dijo al visir: -Y encima, ahora que del Departamento de Personas Extraviadas le mandaron a decir que no pudieron encontrar ni una panameña charrúa en ningún lugar del mundo, el supremo pidió a mi Departamento que creemos una, armándola como un rompecabezas si es necesario-.

-Uhhh…- contestó el otro, -¿Y cómo vas a hacer?-.

-Y… Está difícil el asunto. Por ahora tenemos un par de panameñas y un par de uruguayas para ver qué armamos. Yo estaba pensando que, si no llegan a sobrevivir, le puedo agregar un aparatito para regularle la temperatura y unos ganchos en algunas partes del cuerpo para manejarla con unas sogas-, conluyó el jefe de ciencias y técnicas, y después se despidió del visir porque ambos tenían que ir a trabajar.

***

Nueva oda a una panameña charrúa

No me incomodan
tus costuras.
No me molestan
tus ganchos
ni tu mirada
perdida
ni tu mutismo.
No me importa
que ya no me muerdas
ni me patees
ni me rasguñes.
Ahora soy feliz,
porque estoy
a tu lado.

***

Mensaje a los habitantes de Supremia

Ya no hay por qué temer, compañeros: Supremia florecerá, puesto que ahora tengo una compañera. Mi compañera es única, como yo: es una panameña charrúa, y nadie en el mundo tiene algo igual. Con ella, los dioses nos favorecerán, porque hemos traído un ser totalmente nuevo a esta tierra. Gracias a ella, que será nuestra insignia en la batalla y nuestra musa en la paz, Supremia alcanzará su máxima ambición: la dominación total del mundo.
Ya no hay por qué temer, hermanos: vamos a triunfar, a triunfar, a triunfar.

***

En visir entró en la pequeña casa. La mujer que estaba sentada a la mesa sorbiendo de una bombilla levantó la cabeza y sonrió. Afuera, el ruido de explosiones retumbaba rítmicamente.

-Amémonos, Marta, porque nuestro mundo está llegando a su inevitable fin-, dijo el visir. Y mientras daban rienda suelta a su lujuria sin caricias, escucharon que un grito se acercaba y se alejaba perdiéndose entre el crepitar de los escombros que no paraban de caer.

Le conté a alguien qué era la literatura y después hice que ese otro escribiera un texto según lo que yo le dije

Para: Crwepe (crwepe_0101@galaxymail.com)
Asunto: la literatura

La literatura no la sé, no puedo saberla. Está bien, ya sé que es algo muy propio de nosotros, ya sé que solo a nosotros nos hace falta dejar marcas y hacer de esas marcas algo valioso. Pero no sé lo que es la literatura. Por ahí, y con todas las dificultades del caso, puedo llegar a explicarte en este mail qué es la literatura en mí. Sí, elegí decir “en mí” y no “para mí”; quizás haya algo de eso en esta literatura: una toma de decisión que produce efectos inesperados (incalculables). ¿Qué te pasó cuando leíste “en mí”? ¿Esperabas otra cosa? ¿No esperabas nada? ¿Qué te hace el hecho de que diga “la literatura” pero acompañada de una locación y no de una pertenencia? Decisiones, siempre decisiones, querido y distante amigo. Porque mi literatura es en mí, pero hay tantas otras literaturas; tantas que no se acabarían agotando el número de los sujetos que leen, sino que habría que pensarlas segín los estados de esos sujetos, las tensiones que atraviesan a esos sujetos, todos los “yoes” que son esos sujetos cuando leen…
Hay, parece, un hilo conductor, una intensidad que atraviesa tres zonas: la escritura, la lectura y ese “entre-medio” que adquiere miles de formas diversas. La literatura, en mí, es una búsqueda constante de estimular la literatura en los otros, que es lo mismo que decir: “de ser distinta cada vez” (me pregunto si de veras es lo mismo decir una cosa o la otra).
¿Y para qué?, me dirás. Para lo mismo que las demás cosas: para todo, para nada, y para algo más seguramente también. ¿Pero no querés decir algo cuando hacés literatura?, querrás preguntarme. Y, la verdad que no. Yo prefiero que tu literatura diga algo cuando leas mi escritura sin estar pendiente de mí, de lo que yo soy cuando soy yo.
Correrse, quedarse, jugar, ser, no-ser, cambiar. Por ahí la literatura en mí sea todas esas cosas, pero no sé qué es en los otros. ¿Cómo se vuelve literatura en vos esta escritura? ¿Qué es la literatura en vos, qué es esta escritura que estás leyendo y escibiendo al mismo tiempo? ¿Qué sería tu literatura en mí? Esa última pregunta la puedo responder, amigo: es una utopía, la mejor utopía a la que puedo aspirar.
Hasta siempre,
Bruno

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Crwepe tiene mail. Crwepe lee mail. Mail escrito por Bruno. Mail responde literatura. Mail responde insuficiente. Literatura no existe. Literatura es invento. Literatura no es cosa. Literatura tampoco es idea. Crwepe conoce Bruno. Bruno es humano terrestre. Terrestres divagan mucho. Terrestres no saben cosas. Terrestres inventan cosas. Crwepe no inventa. Crwepe sabe cosas. Crwepe entiende universo. Crwepe entiende Otros-crwepes. Otros-crwepes son Crwepe. Otros-crwepes no son Crwepe. Otros-crwepes habitan Marte. Crwepe vive. Vida es consumir. Vida es devenir. Literatura no entiende vida.

Lo que no-yo

La lista de lo que no-yo

No soy Karina Mazzoco
No soy Karina Mazzoca
No perfluyo como la luna antes del amanecer
No ataco moscas, uvas, huevas, lomas, gomas, gotas, ojotas.
No espero al Delfin del Oriente
No soy Laura Ubfal
No soy Mike Tyson
No soy Borges, Saer, Vallejo, Poe, García Márquez, Rubén Darío ni un           poeta menor
No amago en las esquinas
No soy una sombra de mirlo un jueves de invierno
No resto en la fatalidad del lenguaje
No sinfoneo con pájaros ni tractores
No resisto cuando se quiebra una quietud
No ato cabos, capos, copas, sapos, sopas, sotas, gotas, gatos,                  gabos, gansos
No soy siendo, ni estoy siendo, ni estoy estando como antes
No soy ustedes ni soy yo; no era algunos ni sobre todo ninguno
No no soy, en verdad, en no-verdad, para terminar. O para empezar.

Un texto de no-yo
Ahí va Karina Mazzoco
tiritando en una esquina
amagando, clandestina,
preparando una vitina
para un pibe.

Ahí está Karina Mazzoca
con sus ansias de asesina
y sus aros de resina,
en matarme se empecina
ina ina ina.

Ya llegó Karina Mazzoco.
Quiébrase la quietud,
ya no soy en plenitud
¿llegaré a mi senectud?
No no no.

Y me corre Karina Mazzoca,
encontrome en un tris
comiendo una codorniz
en seguida me hice pis.
Bang bang bang.

Un anillo, tres anillos (una amplificatio)

Un emperador necesitado de dinero quiso embaucar a un usurero judío y para hacerlo caer en su trampa le preguntó cuál era la religión verdadera. El judío le contó una historia: había un anillo que pasaba de padres a hijos decidiendo una herencia, hasta que llegó a manos de un hombre con tres hijos para él muy queridos. Como no podía decidir a cuál dejarle el anillo, mandó a hacer dos réplicas exactas. Nunca pudieron reconocer al heredero.

El emperador entendió que el judío era muy sabio y le contó de sus intenciones y su necesidad. Entonces el judío le prestó el dinero que necesitaba y el emperado lo tuvo por amigo y consejero largo tiempo.

Saladino se volvió a rascar la cabeza. Su ministro lo miró entre asustado y orgulloso. “¿O sea que nos falta plata?” dijo el amo de cien países. El ministro se limitó a asentir con la cabeza. Saladino, entonces, pidió quedar solo y cuando sus cortesanos se retiraron él se abismó en su trono.

Pasaron los días y la solución no aparecía en su mente. Saladino habló con todos sus ministros para intentar mejorar la producción en los campos y reducir los gastos en los edificios imperiales, pero aún así no llegaría a reunir el dinero necesario para su próxima campaña de expansión en el tiempo que necesitaba. Entonces recordó el nombre de un sabio judío, prestamista él, que estaba de paso por la capital y seguramente coontaba con una buena cantidad de fondos en sus arcas. Sin embargo recordó también que el judío era muy avaro y supuso que le pediría una fuerte tasa de interés por el préstamo o directamente no se lo daría. Saladino permaneció en sus aposentos, dándole vueltas a este problema que tenía en frente, mientras esperaba que el judío se presentara, puesto que ya lo había mandado a llamar.

Al llegar el judío, Saladino lo trató afectuosamente como a uno de su propia familia y le ofreció su mejor vino y dátiles; el judío los rechazó. Saladino, entonces, le ofreció la compañía de cualquiera de sus cien criadas, que había ido recolectando por los lugares más exóticos; pero el judío se negó diciendo que su Dios le prohibía ser infiel con su esposa. Saladino decidió enredarlo en una trampa y le preguntó cuál creía él que era la religión verdadera de las tres más grandes: el cristianismo, el judaísmo y el islam. El judío, inicialmente, se negó a responder, pero al verse presionado por el emperador, dijo:

-“Te voy a contar esta historia, rey de hombres. Las leyendas que se hunden en lo más profundo de los tiempos hablan de un anillo de oro que, estando en posesión de él, convierte en heredero de un gran y hermoso reino a un hombre. Este anillo ha pasado de mano en mano, de padre a hijo, de generación en generación, de antiguo rey a antiguo príncipe, por siglos. Hasta que llegó a manos de un hombre muy prudente que tenía tres hijos en quienes confiaba plenamente y que quería por igual. Como veía que estaba por morirse y no decidía a cuál de sus hijos dejaría el anillo, convocó a su mejor y más viejo orfebre para que le hiciera dos replicas tan exactas que el anillo original fuera indistinto de los otros dos. Así lo hizo el orfebre y el rey, secretamente, dio a cada uno de sus hijos un anillo.

“Cuando el rey murió y fue tiempo de establecer la sucesión del trono, cada hijo lo reclamó para sí invocando el poder que les confería la posesión del anillo. Y es el día de hoy que, muertos el rey y el orfebre, no pueden decidir cuál anillo es el original.”

Saladino increpó al judío diciéndole que esa no era una respuesta, y este contestó que los hombres estamos en situación similar a la de los tres hijos: no podemos decidir cuál religión es la revelada por Dios.

Saladino comprendió que el judío había sido más inteligente que él, le pidió disculpas y le contó su situación. El judío accedió a prestarle el dinero y saladino, después de conquistar treinta paises más, lo colmó con los regalos más extraños y lo hizo su amigo y consejero de por vida.